viernes, 13 de febrero de 2009

Asesino alado

Bernardo sabía quién era el asesino.
Un parte policiaco señalaba que un hombre de 50 años de edad, había entrado a la vivienda de su ex mujer.
Primero platicó con ella, discutió, suplicó y hasta lloró para que regresara con ella, sin embargo la decisión de la señora estaba tomada. Ya no amaba a aquél desdichado al que le había prometido hace 15 años amor eterno.
El tipo, en un acto de desesperación, cegado por la ira, por la tristeza… y por el amor, sacó una pistola que guardaba en su chamarra, apuntó tembloroso contra el amor de su vida y jaló el gatillo.
Luego del estruendo, vio caer en un charco de sangre a aquella hermosa mujer.
Finalmente el asesino apuntó por segunda vez su pistola, esta vez a su cabeza y acabó con su existencia.
¿Cuántas y cuántas veces había visto Bernardo este tipo de escenas y las transcribía en la sala de redacción del periódico?
El hecho se repetía una y otra y otra vez. Los patrones eran los mismos, aunque en ocasiones cambiaban los actores, unas veces, las mujeres abandonadas por su pareja y despechadas, primero mataban a los hijos y luego ser suicidaban.
Todos eran crímenes de amor.
Sin embargo, Bernardo quien era periodista, sabía quién era el asesino, el autor intelectual de toda esta sangre derramada… Aunque nadie le creería.
Parecía inconcebible que un pequeñito alado, al que todos llamaban Cupido y quien era catalogado el emisario del amor y la felicidad, fuera en realidad un ente perverso, que se regocijaba destruyendo vidas “en nombre del amor”.
Ese arco y flechas que utilizaba para enamorar a las parejas, era el arma perfecta para perforar sus corazones y que se desangraran por dentro.
Al ser presa de una pasión desmedida y a veces no correspondida, las víctimas, eran capaces de matar y arrancarse la vida por amor.
El redactor se consideraba un experto en criminalística, y sabía a la perfección el modus operandi del perverso infante alado, pero no imaginó convertirse su próxima víctima.
Fue hasta que conoció a aquella chica que no supo qué hacer. De pronto sintió una gran atracción por una hermosa mujer.
Sin darse cuenta, Bernardo fue herido de muerte por una de las flechas de Cupido. La saeta entró suavemente por su pecho. Aquella sensación fue placentera.
Él se había enamorado perdidamente de esa joven que en un principio le correspondió, pero aquello era un amor imposible.
Pese a todo, vivieron una historia de ensueño, pero estaba condenada a terminar.
Al paso del tiempo, aquella sensación de placer y alegría poco a poco se iba transformando en dolor. Un dolor por un amor.
Donde antes había risas, ahora había llantos, donde antes existieron suspiros solo quedaban ahogos, pero el amor aunque dolía, seguía presente y crecía.
Fue ella quien decidió darle fin a la relación. Bernardo por su parte, con el corazón destrozado, quiso terminar con todo, su debilidad salió a flote y busco la salida fácil.
Aunque aquellos desenlaces trágicos los había visto mil y un veces, ahora él era parte de esa trama.
Tomó una pistola que guardaba en el cajón de su escritorio y se dirigió a la casa de su amada. Pensaba llevársela con él hacia la eternidad antes que perderla.
Cupido seguía morbosamente los pasos de su macabra obra. El malévolo engendro exigía dos vidas, una de ellas era la del joven.
Aunque no quería hacerlo, Bernardo sentía una opresión en el pecho, aquél amor contenido le quemaba por dentro.
Queriendo que esa mujer sólo fuera de él y de nadie más, estaba decidido a cortarle la existencia y después seguirla al más allá.
Entró a su recámara; ella se encontraba dormida sobre aquella confortable cama que había sido muchas veces su lecho de amor.
Levantó su arma y apuntó contra el pecho de la muchacha, sin embargo no pudo accionar el gatillo. Ella se veía tan hermosa que no se atrevió a hacerle daño.
Las lágrimas empezaron a correr por las mejillas del muchacho, quien en un pequeño murmullo se despidió de su amada y se dio un balazo en el pecho.
Cupido estaba complacido con su obra, una vez más sus flechas habían provocado este espectáculo policiaco que ocuparía las planas de los diarios.
Estaba tan emocionado por el suceso, que Cupido no se percató que el hombre aún estaba con vida.
A Bernardo se le nublaba la vista, pero alcanzó a ver los aleteos de Cupido que seguía riéndose y con el último hálito de vida, levantó la pistola y disparó otra vez.
Aquellas blancas alas se tiñeron de rojo antes de que se estrellaran en el piso.

8 comentarios:

LA GUERA RODRIGUEZ dijo...

La verdad no creo que nadie muera por amor.
ni que nadie mate por amor...
sera por celos, por inseguridad, por egoismo, por vanidad, por todo eso que se confunde con el verdadero amor...

El amor construye no destruye, si lo hace simplemente no es amor.

Eso creo yo...

Saludos!

Diana

Amorexia. dijo...

Escribiendo lñas noticias desde antes de que lo fueran.

Muy bueno!

saludos a deshora.

jota pe dijo...

-- que buena anecdota! muerte a ese pequenio animal que es el amor! maldita sea la hora en que caimos en sus garras! el amor es un veneno que como unica cura tiene la muerte de los amantes! maldigo al amor!... ah, se me olvidaba, feliz dia del amor y la amistad, gracias enrique!

Anónimo dijo...

Güera:
Nuestra corteza cingular anterior procesa de la misma forma el dolor físico y "emocional". Como tal, es un sistema de advetencia, sí.
Puede tornarse crónica, como cualquier padecimiento "puramente físico". Existen personas que se adaptan al dolor, como existen las que no lo hacen.
El desencadenamiento neurobioquímico por la pérdida de un ser amado es un estrés continuo para el cuerpo.
Lo que se resume a esto: se puede morir por un corazón roto, literalmente.

marichuy dijo...

La historia es muy buena yy hasta romántica.

Pero esto es de lo más romático que he lido hoy (comentario del anónimo)

"Lo que se resume a esto: se puede morir por un corazón roto, literalmente."

Saludos

A dijo...

Si, que muera por sadico!

besos malos
A.

Cris dijo...

jajaja me gusto tu historia, pobre nene, sobre todo al final... pero si, a veces el amor no es tan buena idea...

Sofía Morán dijo...

Si se puede morir de amor. Finalmente es una enfermedad.

Querido, me gusto tu cuento.

Ironía, sarcasmo, humor negro, sexo, amor y desamor, cine, libros, música, mujeres, locura, amargura y cosas peores